La danza butō

El butō es la más inteligible (no tiene diálogos) y emocionante de las artes escénicas japonesas en muchos sentidos. También es el género de danza más nuevo: Tatsumi Hijikata (1928-1986) realizó la primera actuación en 1959. El butō nació del rechazo a la excesiva formalidad que caracteriza los géneros tradicionales de danza japonesa. Además, surge del anhelo por recuperar las raíces ancestrales y la esencia japonesa, de modo que rehúye las influencias occidentales que llegaron al país en la posguerra.

Las representaciones de butō son más afines a las performances artísticas que a las actuaciones de danza tradicionales. Durante la función, uno o más bailarines expresan con su cuerpo desnudo o semidesnudo las emociones humanas más elementales e intensas. Las actuaciones abordan temas como la sexualidad o la muerte, los críticos a menudo las describen como escandalosas (en ocasiones hasta como porno japonés) y los bailarines se complacen en traspasar los límites de lo que se considera el buen gusto.

El butō tiende a ser más minoritario y resulta complicado presenciar una representación. Entre las compañías más importantes de Tokio, cabe destacar a Sankai Juku y Dairakudakan Kochūten.